ARTICULO DE LA SEMANA

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LA COOPERACIÓN DEPORTIVA: LA MANO INVISIBLE QUE UNE A LOS EQUIPOS DE RENDIMIENTO

Alexandre García-Mas (1), Aurelio Olmedilla (2), Miguel Morilla (3), Claudia Rivas (4), Eva García Quinteiro (5) y Enrique Ortega Toro (2)


Universitat de les Illes Balears (1), Universidad Católica San Antonio de Murcia (2), Universidad Pablo Olavide de Sevilla (3), Universidad Autónoma del Estado de México (4) y Universidad de Santiago de Compostela (5)

Cuando un profesional de la Psicología deportiva o un entrenador, director técnico o preparador con preocupación por las mentes de sus jugadores, se para enfrente de su equipo, se le plantea de manera inmediata una serie de preguntas.

En primer lugar, "¿qué puedo hacer con este grupo de personas para que rindan deportivamente en la dirección que yo deseo?" En segundo lugar, "¿tengo que dedicarme a los jugadores individualmente, o bien dedico mis esfuerzos al grupo globalmente?" Y si ha sido capaz de sobrevivir a las dudas generadas por las dos preguntas anteriores, seguramente acabará diciéndose "y, a fin de cuentas, ¿estoy preparado para llevarlo a cabo?".


Si esta persona es un psicólogo, y además posee una naturaleza académica, acudirá a documentarse y se encontrará con que no existen demasiadas pistas que le permitan relacionar las teorías que tratan de explicar la dinámica de los equipos, con los aspectos más prácticos –cancheros, como se denominan en Latinoamérica, pegados a la hierba del campo y a los vestuarios de los jugadores- de la posible intervención o trabajo aplicado. Y esto ocurre incluso con el más acreditado de los marcos teóricos en el campo de la Psicología deportiva, el de la cohesión deportiva (Carron y Ball, 1977; Carron, Spink y Prapavessis, 1997).


Desde hace mucho tiempo, incluso décadas, este concepto ha dominado las aproximaciones y análisis de los equipos deportivos y ha generado herramientas de recogida de información utilizadas de forma repetida, sólida y eficaz transculturalmente. Sin embargo, es un constructo que con el tiempo ha ido mostrando sus debilidades, entre las que se cuentan una relación inconsistente entre los niveles de cohesión de los equipos y sus resultados deportivos, o una escasa producción de útiles de intervención psicológica o de entrenamiento deportivo que fueran promotoras de cohesión.


De forma paulatina se han dado otros intentos para explicar psicológicamente la complejidad operativa de los equipos deportivos, como el estudio de las interacciones y la interdependencia, o la aplicación de criterios comunicacionales entre jugadores y entrenador, pero ninguno de ellos ha conseguido consolidarse en el campo.


Con el objetivo de intentar ayudar a responder las preguntas y dudas que expresábamos en nuestro encabezamiento, hemos tratado de adaptar al campo de la Psicología de la actividad física y el deporte (y más concretamente a los equipos deportivos) un concepto bien conocido en el ámbito de la sociología y la teoría económica (Deutstch, 1949).



La cooperación deportiva se fundamenta en dos procesos que se generan en el interior del equipo y, aunque se produce entre individuos, se refleja después en la globalidad de dicho equipo: (1) en las interacciones que tienen lugar entre los jugadores, y entre los jugadores y entrenador en los entrenamientos y la competición, así como fuera del campo; (2)y en la existencia de objetivos personales en todos ellos, que desean ver realizados mediante –entre otras cosas, evidentemente- la realización de comportamientos deportivos.

Así, un jugador (o un entrenador) deberá tomar una decisión entre cooperar con sus compañeros, en algún grado determinado, o no hacerlo, para la obtención de sus objetivos personales, en relación con los objetivos del grupo y los que establece la competición. Por lo tanto, la mano invisible que citábamos en el título y cuyo concepto corresponde a Adam Smith para referirse a la economía, actuaría combinando dentro del equipo todas las resoluciones de cooperación (o competición) de los jugadores y entrenadores, produciendo un determinado nivel de cooperación global del equipo, en beneficio del objetivo grupal.


Si lo observamos conceptualmente, se trataría de un intento para explicar la dinámica de equipos, complementario a lo que anteriormente hemos citado (básicamente, del concepto de cohesión deportivo), fundamentado en el interés personal de los jugadores y entrenadores, y plasmado en su actitud y en las conductas deportivas de cooperación y competición que se pudieran observar en los entrenamientos y en la competición.

En nuestro modelo de cooperación, se considera una doble vertiente de las conductas cooperativas deportivas. La conducta deportiva cooperativa resulta, en primer lugar, de la decisión única y personal del jugador para obtener aquellos beneficios o intereses personales, resultado de su iniciativa.

Por otra parte, y con carácter complementario, también se aprecia una disposición personal a cooperar, más allá del logro de objetivos individuales. Esta idoneidad o talento cooperativo en el jugador resulta relevante en la determinación de su perfil de cooperación a la hora de enfrentarse y responder favorablemente al entrenamiento o la competición.



Asimismo, podemos establecer la realidad de una cooperación situacional diferenciada con el entrenador y/o los compañeros de equipo, independientemente del grado de preparación competitiva o del propio partido o campeonato. Esta cooperación se enmarca dentro de la disposición general a cooperar, bien por su connotación de expresión de las conductas de cooperación en el campo deportivo, o bien por la expresión directa, más allá de determinadas situaciones deportivas.


¿Podemos pensar que las conductas cooperativas de los deportistas son consecuencia de una estrategia meditada para obtener los objetivos personales? Nuestro modelo proporciona una respuesta afirmativa a esta pregunta: el bagaje personal y la veteranía deportiva conducen al trueque simultáneo y a la reciprocidad inmediata de beneficios mutuos para ambas partes, tanto dentro como fuera del terreno de juego. Si un equipo se acicala en una línea más o menos cooperativa, podremos dibujar una silueta de cooperación más o menos difusa, independientemente de cada trazo personal de cooperación que se deriven en todos aquellos aspectos directamente relacionados con el rendimiento grupal.


En el aire aún quedan preguntas sin resolver acerca de cómo trabajar dentro del marco teórico de la cooperación deportiva: ¿cómo podemos incentivarla, aumentarla o combinarla adecuadamente con la competitividad interna del equipo deportivo? Pero esto será el tema de otro artículo.


Ver referencias bibliográficas.


Para una versión completa de este artículo, remitimos al lector a la revista Psicothema: García-Mas, A., Olmedilla, A., Morilla, M., Rivas, C., García E., Ortega, E. (2006). Un nuevo modelo de cooperación deportiva y su evaluación mediante un cuestionario. Psicothema, 18 (3), 425.432.

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